Y todavía dicen que no hubo violencia: reflexiones sobre cómo interpretar el delito de rebelión.

La decisión de dejar en libertad bajo fianza al expresidente fugado de Cataluña ha sido, sin lugar a dudas, un gran varapalo para los que confiamos en la justicia. Lo más doloroso, desde luego, es el descrédito que quieren promover de España como Estado democrático y de Derecho. También resulta triste la sensación que se quiere transmitir, y lo están consiguiendo con éxito ante la pasividad comunicativa del Gobierno de España, de que con la calificación de los hechos que hace el auto de procesamiento, se estaría, nada más y nada menos, que determinando la suerte penal de los encausados. Esto es lógicamente falso.