Se confirma, hubo y hay manipulación: el arma clave del independentismo.

Retomamos, después de unos meses. la serie de artículos sobre el separatismo en Cataluña. Los acontecimientos en Cataluña así lo reclaman, pues lejos de apaciguarse los ánimos, observamos que el “procesismo”, ahora con otros lemas y protagonistas, es insaciable. Aprovechamos, además, unas declaraciones realizadas por Albert Rivera en TV3, sobre la manipulación de los medios de comunicación catalanes (en concreto, la propia TV3), como arma fundamental en los acontecimientos del año pasado, pero también de la recomposición actual del interminable “procès” a ninguna parte. Por cierto muy criticadas, casualmente en RAC1, por quienes se han visto representados por la dura apelación de Rivera. Téngase en cuenta que si esa misma crítica se hiciera sobre Telemadrid o TVE, bajo el gobierno del PP, no hubiera pasado nada; ahora bien, atacar a la maquinaria de propaganda en Cataluña, claro que tiene consecuencias y se dedican tertulias en la propia TV3 a denostar al osado.

Hace unos meses comenzamos, por otro lado, una serie de artículos en los que se trataba de sintetizar las causas de la fortaleza actual del independentismo. Una de ellas, probablemente la más relevante y que se alza como elemento diferencial, es la manipulación informativa y la propaganda. Junto a la transformación del catalanismo pactista y la noción de “procesismo”, la utilización de la educación y los efectos de la crisis económica  tratados con dosis populistas, el uso de la propaganda y los medios públicos como instrumento es, sin duda, el dato decisivo.

Nada de todo lo acontecido se hubiera producido o, al menos, lo hubiese hecho en la dimensión en que se produjo (y sigue produciéndose), de no haber mediado una constante, prolongada y dirigida financiación de propaganda y de información favorable al independentismo. Hay un claro paralelismo entre el incremento mantenido del separatismo hasta septiembre de 2017 y el aumento del gasto en publicidad institucional en medios de comunicación. No es casual, por tanto, el apoyo incesante de una parte fundamental de los medios de comunicación catalanes a la “causa”. Claro está, que se podría decir que eso no empaña de por sí la neutralidad de los periodistas. Esto es muy discutible, porque la línea editorial que es sostenida con el dinero público condiciona, y mucho, cómo se lleva a cabo la profesión.

Sugiero la lectura de las siguientes noticias que se ponen en enlace sobre el caudal de dinero público destinado a publicidad institucional financiada por la Generalidad en webs de medios afines y a medios de comunicación independentistas (Punt Avui, Ara, RAC1, TV3); todo ello, sin olvidar el ocultamiento de los mismos datos relativos a medios internacionales, algo muy importante debido a las denuncias de algunos periodistas extranjeros acerca de las presiones sufridas durante los infaustos meses de septiembre y octubre del año pasado. Datos todos estos que se ofrecen aquí sin manipulación alguna, pues son extraídos de la  Memoria oficial sobre la publicidad institucional de la Generalidad del año pasado, presentada el 2 de julio ante el Parlamento de Cataluña (antes de “su cierre”). En otras palabras, son datos de la propia Generalidad.

Creo que con estos datos se prueba con toda rotundidad una intención clara de desvirtuar la equidistancia de los medios y de intervenir en el pensamiento de la población catalana fomentando una ideología determinada. En cualquier caso, se ha de admitir que los datos fríos pueden mostrar una clara tendencia, pero no muestran el problema en sí. Por este motivo, es interesante dar algunos ejemplos de manipulación interesada de la información que es recurrente en los medios independentistas durante el último año: la violencia del Estado español, el supremacismo del nuevo Presidente de la “república” y la mal llamada “guerra de lazos”.

En cuanto a lo primero, en los últimos doce meses se ha repetido el mantra de lo malvado y abusivo que fue el Estado español al ejercer la violencia contra gente pacífica que “solamente” quería votar. Para contrarrestar esta afirmación que se reitera por doquier en TV3 y RAC1, así como en los periódicos Punt Avui y Ara, a poco que se escuche una tertulia, una entrevista o se lea la portada de esos diarios, se deben tener muy en cuenta dos datos definitivos: 1º) De las supuestamente más de mil personas heridas el 1-O, sólo cinco realmente fueron de consideración, sin contar los múltiples heridos entre los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado; 2º) Uno de los magistrados que instruye las denuncias presentadas contra la intervención policial, ha archivado la mayoría; no obstante, como España es un país con garantías, se sigue la instrucción contra algunos policías (de momento sólo dos agentes), que pudieron extralimitarse en sus funciones. En otras palabras, salvo algún caso que se sigue investigando, la justicia entiende que la acción policial fue proporcionada.

Respecto al supremacismo manifestado en sucesivos escritos por el “President en funciones” (dado que él mismo dice no ser el presidente legítimo y visita al que considera como tal, para pedirle opinión y autorización), donde se manifiesta como un supremacista de libro, es llamativo que tan pronto se pusieron en conocimiento de todos esos trabajos, los medios de comunicación financiados por el régimen catalán han contribuido al “blanqueamiento” de su líder. Un buen ejemplo fue la entrevista hecha a Comín, prófugo de la justicia en Bélgica; el fugado llega a afirmar que las expresiones insultantes a los castellanoparlantes son una simple figura literaria. Cualquier afirmación semejante hecha en relación con personas de otra raza hubiera sido intolerable; el intento de justificarlo sería inaceptable. Pero Cataluña es distinta y sus medios de comunicación no pierden un minuto en esto; es más, se entrevista en varias ocasiones al presidente para que tenga ocasión de reafirmarse como un “demócrata” y, al tiempo, vilipendiar a quienes le han criticado. Claro, la reacción de los mismos medios es, sin embargo, muy distinta, cuando alguien afirma que a los independentistas se les ha inoculado un virus y el independentismo es una enfermedad. Albert Boadella y Arcadi Espada lo saben muy bien; aquí la metáfora ya no sirve como escusa.

Tercero, la supuesta “guerra de lazos”. Uno queda sorprendido al ver cómo en los medios catalanes se aborda esta cuestión. La clave está en el ejercicio de la libertad de expresión, pacífica y públicamente. En cuanto a la vertiente pública de dicho ejercicio, lo extraordinariamente increíble es que no se critique el uso de lo público, confundiendo emitir opiniones en público, con hacerlo en sitios públicos, con dinero público y con el apoyo incondicional de las autoridades públicas, sin considerar que la mitad, al menos, de la población no acepta el uso de lo público con esa finalidad. Respecto a la manifestación pacífica de la voluntad de las personas, hay decenas de videos colgados en internet donde se pueden observar las agresiones, insultos, amenazas, coacciones y, en general, el amedrentamiento de quienes se dedican a quitar lazos amarillos. Es sencillo encontrarlos en YouTube. Lo más hilarante es cómo se pretende diferenciar entre quienes ponen y quitan lazos. En las tertulias de TV3 se suele decir que no es lo mismo poner que quitar lazos (¿?). Esto ha sido sintetizado diciendo que una cosa es manifestar y construir una idea y otra destruirla (quitando lazos) (el consejero Buch dixit). Otros han llegado a afirmar que poner lazos puede generar un conflicto, pero quitarlos es peor porque supone una censura (Ada Colau dixit). Conclusión: es mejor generar conflicto defendiendo ideas, poniendo más lazos (pongamos ahora, de color rojo).

El relato de la manipulación podría seguir con cuestiones tales como la eurorden y el delito de rebelión, la prisión preventiva y los “presos políticos”, los “exiliados”… Lo lamentable y triste es que después de ver el resultado de lo que sucedió hace un año, todavía haya tanta gente que beba únicamente de esa información. Quizás tenga mucho que ver que el asedio informativo favorable al independentismo persiste. Ahora, yo digo una cosa: del independentismo también se sale y la receta sólo pueden ser dosis de realismo, como las que con toda rotundidad expresa Xavier Vidal-Folch.

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